Hoy les voy a contar de mi parto en Alemania, en la ciudad de Bonn y de la importancia de la conexión con el profesional de la salud en momentos donde nos encontramos tan vulnerables.
Luego de seis años de vivir y trabajar en ese país, fui bendecida con mi embarazo y el nacimiento de mi único hijo. Yo estaba totalmente integrada en esa sociedad, siendo una migrante Argentina con un buen empleo, amigos, todo marchaba bien y mi nivel de idioma para entonces ya era casi nativo. Tratarme con médicos alemanes no significaba para mi ninguna dificultad, sin embargo, el momento del parto fue un desafío enorme en el que casi me di por vencida. Yo había tenido diabetes gestacional y por tanto los médicos habían recomendado inducir mi parto para no pasar de la fecha estipulada. Mis contracciones naturales, sin embargo, arrancaron ese mismo 23 de septiembre del 2021 por la mañana. A las 20 hs como acordamos, me presente con mi pareja al hospital y a las 23 hs recibí la primera píldora para la inducción. Ahí arrancó mi sufrimiento. Fueron días de trabajo de parto, conocí como a 10 panteras (en Alemania, el médico sólo te atiende excepcionalmente si la partera no puede lograr un nacimiento seguro por alguna dificultad). Cabe aclarar que yo tenía mucho miedo de una cirugía y había pedido expresamente que sólo se utilice en caso de fuerza mayor. Así lo cumplieron, sin embargo, no recomiendo a nadie cometer la locura que yo cometí en ese momento. Aguantar casi 40 horas de trabajo de parto, sufriendo, no me parece recomendable, claro que los equipos médicos deberían saber guiarnos siempre a tomar la mejor decisión para nosotras y para el niño por nacer.
Bueno, la parte de la historia que me parece que vale la pena ser contada se centra en las últimas horas de mi parto. Yo estaba agotadisima, ya no tenía fuerzas para nada y me estaba dejando caer. Hasta entonces todas las personas hablaban alemán conmigo e italiano con mi pareja. Ya estando yo con dilatación total, empezó la batalla final y de repente escuché a un médico hablándome en Español, mi lengua materna. "Puja ahora, que si no lo sacas tú, no lo voy a poder sacar yo", "Vamos que es tu último esfuerzo, ya veo su cabeza y tu hijo necesita nacer ahora, en este minuto!" Y se encendieron luces rojas, entraron muchos profesionales a la sala y mi marido quedó paralizado, yo no entendía nada, acababan de ayudar a nacer a mi bebé con una ventosa y me lo estaban colocando en mi pecho. No lloraba y estaba oscuro, azul, violeta, no sé... dos segundos pasaron y mirando a mi marido le dije "respira, se está moviendo" y mi niño débil como estaba reptó unos centímetros hacia mi pecho y buscó mamar... lo habíamos logrado!
Gracias a Dios y a un equipo enorme de profesionales, ninguno de los dos sufrimos consecuencias de aquel parto tan prolongado, hoy mi pequeño goza de buena salud y tiene 4 años. Yo aún siento haber tomado esa decisión y haber arriesgado tanto para cumplir con mi deseo de un parto natural, pero agradezco cada segundo de nuestras vidas a ese profesional que usó una herramienta tan sencilla como la conexión emocional con nuestro idioma materno para devolverme la fuerza de seguir pujando y dar mi hijo a luz cuando yo creía que todo se había acabado.
Gracias a los profesionales de la Salud que entregan cuerpo y alma a esta profesión y nos ayudan a vivir vidas largas y saludables a través de su profesionalismo, empatía y avances científicos.


