Celebro las restricciones de acceso que se están imponiendo a menores; me parecen un paso necesario.
Sin embargo, al mismo tiempo, siento la necesidad de reconocer una inquietud que ya no es “preocupación” sino experiencia vivida: el tiempo que me roban las pantallas.
No quiero dedicar mis horas a sostener un móvil ni dejar que me invada una corriente constante de información, opiniones y anuncios sobre personas, hechos o productos que no busco. Muchas veces me encuentro expuesta a contenidos que no me interesan o que, peor aún, despiertan deseos y necesidades que antes no existían. Basta una imagen o una frase para caer —casi sin darme cuenta— en ese diseño tan estudiado de atracción y permanencia.
Lo que más me preocupa no es el tiempo perdido, sino la sensación de entregar mi capacidad de elegir: qué ver, qué leer, en qué pensar. De pronto, ya no soy yo quien decide, y solo cuando logro detenerme, casi sobresaltada, recupero la lucidez suficiente para cerrar las pantallas con cierta rabia hacia mí misma.
Llevo tiempo en esta batalla. He tomado conciencia, pero aún busco el equilibrio: sostener la tecnología sin que ella me sostenga a mí. Es un aprendizaje lento, pero necesario, especialmente en esta era en la que estar desconectado parece un acto de resistencia.
Me gustaría lograr que la tecnología sea una herramienta y no una extensión de mis impulsos.
Sé que no soy la única, así que lo pregunto con curiosidad y cariño: ¿también os pasa? ¿Habéis encontrado alguna forma de convivir con las pantallas sin sentir que nos ganan la partida?y lo mas importante, qué les ocurre en los jóvenes?
Buenos días,
Me ha encantado esta reflexión.
Justo ese es mi propósito de este año: no dejar que las pantallas me roben mucho tiempo de mi día a día de manera inconsciente.
Para conseguirlo, he empezado a hacer pequeños cambios en mi día a día:
– He dejado de seguir perfiles en RRSS que no me aportan, que me hacen ruido, que generan juicio o que no me suman nada.
– He puesto un limitador diario de 30 minutos en redes sociales. En ese tiempo tengo más que suficiente para ver lo que de verdad me interesa y salirme. Muchos días me da para ver mis cuentas favoritas, estar informada y me sobra minutos.
- No abrir RRSS nada más despertarme.
- En los entrenamientos de mis hijos me pasaba una hora con el móvil en la mano, ¡¡una hora chicas!!, ahora escucho audiolibros, hago la lista de la compra... evito pasar una hora entera viendo videos que ni siquiera me interesan en la lupa de IG.
– He vuelto a usar mi agenda en papel, para no apuntarlo todo en el móvil ni caer una y otra vez en distracciones innecesarias.
– Leo libros en papel, para conectar con la lectura sin luz azul de por medio.
Aunque habrá temporadas en las que me apoye más en las pantallas, porque necesite distraerme o porque no puedo con todo, y será también normal, no somos perfectas.
Las pantallas forman parte de nuestra vida. La clave, al menos para mí, está en usarlas desde la conciencia, no por costumbre.
Si se os van ocurriendo más ideas nos las compartimos.
Un besoooo


