Después de varias novelas que nos han hecho viajar a otras vidas, este mes cambiamos de registro y nos adentramos en la divulgación de la mano de un autor al que admiro profundamente.
La propuesta para este mes es Somos lo que hablamos, de Luis Rojas Marcos. (Link de afiliado)
A través de un lenguaje cercano, humano y profundamente reflexivo, el autor nos invita a mirar con más atención algo que hacemos todos los días y a todas horas: hablar. Las palabras que elegimos, las conversaciones que mantenemos, la forma en que nos dirigimos a los demás y, sobre todo, la manera en que nos hablamos a nosotros mismos.
Es un libro que nos recuerda que el lenguaje no es solo una herramienta para comunicarnos. También construye relaciones, moldea pensamientos, influye en nuestras emociones y deja huella en nuestra manera de estar en el mundo.
No hace falta ser profesional de la salud mental para disfrutarlo. Basta con sentir curiosidad por las personas, por las emociones y por esa extraordinaria capacidad que tienen las palabras para herir, sanar, acercar, alejar, destruir o reconstruir.
Tengo muchas ganas de que lo leáis y descubrir qué reflexiones despierta en cada una de vosotras.
Porque, al fin y al cabo, quizá somos mucho más de lo que hablamos... pero también somos, en parte, las palabras que elegimos cada día. Es un libro que me encantó.
Nos vemos a final de mes para comentarlo juntos. 💙
He leído y escuchado todo de Luis Rojas Marcos. Una adecuada elección. Sigo aprendiendo a escuchar. 👏🏻
Hola, disculpar! No encuentro el libro propuesto para Julio! Alguien me podría ayudar por favor?
Muchas gracias
Patricia
COMENTARIO DE SOMOS LO QUE HABLAMOS: Hace unas semanas os propuse leer Somos lo que hablamos, de Luis Rojas Marcos, y hoy toca hacer lo más bonito de cualquier club de lectura: detenernos, compartir y escuchar qué nos ha removido este libro.
Y creo que este no es un libro cualquiera. Porque habla de algo que hacemos constantemente, casi sin darnos cuenta: hablar. Hablar con los demás. Hablar de los demás. Hablar con nuestros hijos. Con nuestra pareja. Con nuestras amigas. Con nuestros pacientes. Y, quizá lo más importante, hablar con nosotras mismas.
A mí me ha parecido un libro profundamente humano. De esos que no necesitan grandes artificios para quedarse dentro. Porque te va llevando, con calma, a una reflexión muy poderosa: las palabras no son inocentes. Las palabras pueden cuidar o pueden herir. Pueden abrir una puerta o cerrarla. Pueden acercarnos o alejarnos. Pueden aliviar, sostener, validar… o dejar una marca difícil de borrar.
Mientras lo leía pensaba mucho en la crianza. En cuántas veces una frase dicha en un momento de cansancio se queda resonando en un niño. En cuántas veces una palabra de aliento cambia el día entero. En la importancia de nombrar lo que sentimos, de escuchar sin interrumpir, de no minimizar el dolor del otro, de cuidar el tono tanto como el contenido.
También pensaba en nosotras. En esa voz interior que a veces es tan dura, tan exigente, tan poco compasiva. En cómo nos hablamos cuando fallamos, cuando no llegamos, cuando estamos agotadas, cuando sentimos que no somos suficientes. Y qué distinto sería todo si aprendiéramos a hablarnos con la misma ternura con la que intentaríamos hablarle a alguien a quien queremos.
Me quedo con una idea: hablar no es solo comunicarnos. Hablar también es construir. Construimos vínculos, confianza, seguridad, autoestima, memoria emocional. Y por eso merece la pena parar y preguntarnos: ¿qué huella dejan mis palabras?
Ahora os leo a vosotras.
¿Qué os ha parecido el libro?
¿Qué idea os ha removido más?
¿Os habéis descubierto pensando en vuestra manera de hablar a los demás… o a vosotras mismas?
Os leo con muchísimas ganas. 💙


