Avisos
Vaciar todo

Contra todo pronóstico

3 Respuestas
3 Usuarios
2 Reactions
188 Visitas
Respuestas: 2
Topic starter
(@victoria_mateo)
Active Member
Registrado: hace 4 meses
[#397]

Hola querida Tribu:

Mi historia es larga, pero intentaré resumirla.

Escribo porque, en este momento de mi vida, las palabras son el único lugar donde puedo respirar un poco.

Hace un par de años me diagnosticaron un cáncer muy agresivo y extraño para alguien de mi edad. Existen dos tipos, y yo tenía el peor: mesotelioma peritoneal. Imagino que, igual que me pasó a mí, muchos ni habrán oído ese nombre… un caso entre un millón. (Ojalá hubiera tenido esa suerte en la lotería 😅). El pronóstico fue como un mazazo: alrededor de diez meses de vida. Diez. Tuve que enfrentar quimioterapias, operaciones, noches interminables. Fue devastador ver a mi familia hundirse, pero, por increíble que parezca, yo acepté desde el inicio lo que venía. Como si mi corazón hubiera decidido que no valía la pena luchar contra lo inevitable. Lo que más me dolía era tener que sostener a los demás, tranquilizarlos, mientras yo me disolvía por dentro. Llevaba un par de años casada; el diagnóstico llegó después de varios abortos. Lo que más anhelaba en el mundo era ser madre, pero los médicos fueron tajantes: no podría. Y aunque hubiera un mínimo de posibilidad, no me ayudarían. “No podemos hacerlo; ese niño crecería sin madre.” Esa frase se me quedó grabada como una herida.

Pero la vida, caprichosa y misteriosa, decidió dar un giro imposible. De pronto, mi tumor empezó a remitir y solo quedaron algunos nódulos. Y esos nódulos, me dijeron, podían permanecer dormidos durante años. Años…

De repente, lo cotidiano se transformó en milagro. Recuerdo la primera vez que volví a cantar en la ducha. O aquel día en que mi pelo, por fin, tuvo el largo suficiente para plancharlo. Lloré. No por vanidad, sino porque creí que jamás volvería a tener esos pequeños rituales que uno da por sentados.

Muchos meses han quedado borrados de mi memoria; la quimio era tan fuerte que solo puedo recordar abrir y cerrar los ojos, rezando por no sentir la quemazón del tratamiento. Pero con la remisión, intenté reconstruir mi vida, aunque nunca se vuelve del todo a la normalidad. Aun así, había esperanza. Una esperanza que ya creía extinguida.

Un año y poco después, quedé embarazada de forma natural. Y aunque dentro de mí había ilusión, me preparé para otro final conocido. Pero esta vez los meses pasaban, y esa vida seguía. Creciendo. Afirmándose. Resistiendo. Los médicos no lo podían creer. Yo tenía revisiones semanales, y cada semana era un pequeño milagro más.

No me permití relajarme hasta los seis meses. Fue entonces cuando, por primera vez, lo llamamos por su nombre: Mateo. No quería ilusionarme, pero en ese momento fue imposible no hacerlo. Nunca he sentido un amor tan grande y tan luminoso como el que siento por mi hijo.

Y nació. Y contra todo pronóstico, contra toda estadística, llegó al mundo completamente sano. Le hicimos pruebas genéticas, estudios… todo perfecto.

Desde que lo tengo en mis brazos, no hay ni un solo día en que no agradezca su existencia. Cada sonrisa, cada ruido que hace, cada mirada… todo es un regalo que jamás pensé que viviría.

Pero hace unos días, la vida volvió a removerme el suelo. Los tumores han crecido. Están diseminados. No pueden operar. Debo volver a la quimioterapia, igual de dura que la anterior. Y eso me rompe.

Lo que más me atormenta no es mi miedo, sino el suyo. Mi bebé. Mi Mateo. Él, que me necesita más que nadie, no podrá tenerme como antes. Paso 24 horas al día con él, somos uno, y ahora tendré que alejarme. No dejo de pedirle perdón por traerlo al mundo sin saber qué podía pasar. Mi deseo de ser madre era tan grande que no pensé en que quizá le tocaría vivir esto demasiado pronto. Creí que tendría años. Tenía dos años estable. Creí que teníamos tiempo.

Ahora toca luchar. No por mí, sino por él. Por cada mañana que quiero verle despertar. Por su risa. Por su futuro.

Pero es desgarrador pensar en cómo le afectará.

¿Quién lo cuidará mientras estoy en quimioterapia durante horas? ¿Qué pasará cuando mi cuerpo no pueda levantarse? ¿Cómo se vive sin poder cargar a tu hijo cuando él llora por ti?

Mi marido trabaja, no tenemos a nadie que pueda ayudarnos. Tenemos que reorganizar la vida entera y aún no sabemos cómo hacerlo. No sabemos qué va a pasar.

Solo sé que el camino que se abre ahora es duro y confuso. Y aun así, aquí estamos, preparados para empezar el tratamiento y dar la batalla más grande de nuestras vidas. Porque Mateo es, sin duda, lo más hermoso, lo más milagroso y lo más grande que la vida me ha regalado.


2 respuestas
Respuestas: 37
Admin
(@equipo-lmp)
Miembro
Registrado: hace 11 meses

Gracias por escribir y por hacerlo con tanta honestidad Victoria. 

Es muy humano que lo que más te duela no sea tu enfermedad, sino el impacto que pueda tener en Mateo. 

No tienes ahora todas las respuestas, y tampoco hace falta tenerlas hoy. Paso a paso. Reorganizarse, pedir ayuda, apoyarse en profesionales, aceptar que habrá días muy duros y otros un poco más llevaderos. Luchar no siempre es estar fuerte: muchas veces es seguir incluso con miedo.

Gracias por confiar esta parte tan vulnerable de tu vida a La Tribu. Aquí hay gente leyendo con respeto, con el corazón abierto y pensando en ti. No estás sola en este momento. 💙


Responder
Respuestas: 309
(@mercedes)
Reputable Member
Registrado: hace 12 meses

Buenas noches Victoria , te mando un gran abrazo  y todo mi cariño . Ánimo , eres fuerte , aquí estamos para apoyarte y acompañarte . Mil besos , 😘😘.


Responder

Dejar una respuesta

Nombre del autor

Correo electrónico del autor

Título *

El tamaño máximo de archivo permitido es 10MB

 
Vista previa 0 revisiones Guardado
Compartir: