Hola, soy Luna, soy neurodivergente con múltiple excepcionalidad (altas capacidades + autismo + TDA), pero no lo he sabido hasta hace poco. He vivido toda la vida siendo neurodivergente sin saberlo, y quiero compartir mi historia, en la que incluyo episodios de mi vida que no he contado a nadie, pero que ya necesitaba contar. Gracias por darme la oportunidad de escribir mi historia.
Luna, 4 años:
Soy una niña curiosa, muy sensible, muy nerviosa, muchas cosas me dan miedo, pero tengo a papá y a mamá que me protegen. Tengo mucha imaginación, soy muy formal y obediente, siempre hago lo correcto y sigo todas las normas. A menudo estoy en tensión, y mamá dice que soy como ella. A veces froto mis dedos entre sí para tranquilizarme, y funciona.
Luna, 5 años:
Hoy viene Papá Noel, estoy nerviosa, hemos oído un ruido en la habitación, no quiero entrar, ¡es é! Tengo mucho miedo, no quiero estar aquí. Abrimos la puerta de la habitación sigilosamente, no quiero mirar, ¡estoy asustada! En la habitación sólo hay regalos, ya se ha ido, uff, qué alivio... Qué mal rato he pasado, no quiero volver a pasar por esto. Abrimos los regalos, ¡¡¡me ha traído un Telesketch!!! ¡Qué emoción! Ya estoy más tranquila.
Luna, 6 años:
De camino al cole me han dicho que Papá Noel no existe y que son los padres, me he quedado de piedra, y de pronto alguien ha dicho que el ratoncito Pérez ¡también son los padres! Esto ya es demasiado, estoy muy triste y decepcionada, porque todo es mentira, y sobre todo porque mis padres me han mentido, esto es lo que más me ha dolido. No lo olvidaré nunca...
Luna, 7 años:
Tengo mucha curiosidad, ¿cómo es la Tierra? Debe de ser enorme y plana, pero ¿dónde acaba? Le pregunto a mi padre y me dice que no acaba, ¡madre mía! Entonces debe de ser que al final del camino se está generando más tierra contínuamente, y lo mismo con el cielo, ¡¡qué curioso!! ¡Me gustaría ir al final de la Tierra y verlo!
Nos hemos mudado de pueblo, nuevo cole, nuevos compañeros, mis padres dicen que va a ser genial. Empieza el cole, algunos niños se portan mal conmigo, este cambio no me gusta, estaba mucho mejor antes, pero cuando los adultos me preguntan dónde se vive mejor, siempre digo que en el pueblo nuevo, porque es lo que quieren escuchar mis padres...
Luna, 8 años:
Ya me voy acostumbrando al nuevo cole, y ya no se meten tanto conmigo. ¡En música soy la mejor de clase! No me lo esperaba, la profe alucina conmigo, ¡me encanta esta sensación! Me motiva para seguir aprendiendo. Hoy ha habido sorteo de un libro en el aula y ¡me ha tocado a mí! Es un libro sobre astronomía para niños, ¡qué suerte he tenido! ¡Es mi tema favorito! Lo guardo como un tesoro.
Luna, 10 años:
Hoy paseando con mi padre le he preguntado cosas sobre la Luna y el cielo, me ha contado cosas muy interesantes (ahora ya sé que la Tierra es redonda), ¡me encanta hablar con él de estos temas!
Ha llegado una niña nueva al cole, muchos se meten con ella, pobre, yo empatizo mucho con ella y la ayudo, nos hemos hecho buenas amigas. Pero sé lo que va a ocurrir, como otras veces me ha ocurrido en esta situación, cuando la niña encaje con los demás, empezará a jugar con ellos y me dejará de lado... ¿Por qué siempre prefieren a los demás antes que a mí? Con lo bien que me porto con ellos... No lo entiendo.
Luna, 12 años:
Soy la mejor de clase en mates, ¡¡adoro las mates!! Pero no lo digo delante de otros niños, porque las mates no molan y se meterán conmigo. Me exijo sacar mínimo un 9 en mates, porque sé que puedo y me encanta. Odio la clase de gimnasia, soy torpe y me da mucho miedo saltar el potro, lo paso fatal, siempre me eligen la última al hacer equipos y eso duele, cada clase es una tortura, pero tampoco lo digo en clase, porque gimnasia mola a los demás. También odio la clase de historia, me aburre tanto, que desconecto desde el primer momento y me paso toda la clase sumergida en mi imaginación, que es más divertido, pero luego a veces suspendo. También me cuesta mantener la atención cuando me hablan a veces, si no me interesa mucho, mi cerebro salta a otra cosa sin que me dé cuenta, no lo puedo controlar, pero disimulo muy bien.
La semana pasada nos hicieron unos tests de inteligencia, y hoy nos han dado los resultados, me han dicho que me ha salido percentil 96, y que esto significa que de 100 niños sólo 4 son más listos que yo. Vaya, estoy un poco decepcionada porque no soy la mejor de clase, ¿quiénes serán esos que son más listos que yo en clase? Me gusta ser la mejor... De todas maneras, no sirve para nada este test, nos lo han hecho sólo para saber qué carrera podemos estudiar en el futuro, y a mí me han dicho que puedo estudiar lo que quiera. No volvemos a pensar en este test nunca más.
Luna, 13 años:
Mi vida se ha convertido en un infierno, hay un grupo de niñas líderes en clase, son las que mandan, otras niñas las siguen, y otras estamos en segundo plano en silencio, rezando para que no se metan con nosotras. He tenido mala suerte y me ha tocado, se meten conmigo y mucho, odian que sea lista y formal, y que los profes me vean con buenos ojos, y por eso se meten conmigo. Yo no me defiendo, ¿por qué no me defiendo? No lo sé, no me sale, y me odio por ello. No digo nada en casa, se van a preocupar, y además me van a decir que les diga cosas a esas niñas y yo no puedo, me da miedo enfrentarme a ellas, mejor no cuento nada y tengo paz en casa. Estoy sola en esto, la única amiga que tenía reipitó, y ya no tengo amigas en clase, el colegio es un infierno. A veces pienso en sacar malas notas para que me acepten, pero entonces tendría un problema con mis padres, y además me gusta aprender, soy buena estudiante, y no quiero perder eso.
Luna, 14 años:
Los acosos siguen aunque han disminuido un poco. Cuando hay exámenes las acosadoras se vuelven amigas mías, les interesa, porque yo soy buena estudiante y les puedo ayudar. Yo acepto su amistad interesada, sé que es falsa, pero me hace sentir tan bien que alguien me trate bien, aunque sea un pequeño periodo de tiempo, lo necesito...
Cuando se meten conmigo me insultan, me dicen lo horrible que soy, y me lo creo... Tienen razón, soy una persona horrible, no me extraña que me odien. Hay otra niña con la que también se meten, pero ella no tiene miedo, se defiende y le resbalan los insultos, no se siente tan mal como yo. Nos hemos hecho amigas, ¡me encanta estar con ella!
Luna, 15 años:
Mi amiga ha encontrado otras amigas y me ha abandonado, ya nunca me llama ni me responde, esto me ha sentado fatal, cómo puede ser tan mala persona, no lo entiendo, éramos tan amigas, no lo entiendo... Vuelvo a estar sola. Mis padres han conseguido meterme a mí también en ese grupo de chicas, han aceptado que salga con ellas, pero no funciona, las han obligado y se nota cuando estoy con ellas, no me quieren, y me siento fatal, siento que molesto, siempre soy una molestia, voy a dejar de salir con ellas, sólo sufro, estoy mejor sola. Todos los adultos me dicen que debo salir con amigos, que es muy importante tener amigos, me hacen sentir peor todavía, porque yo no he elegido que no me quieran, y parece que todos me culpan por ello, ¡quiero que me dejen en paz! ¿Es que no ven que sólo tengo enemigos a mi alrededor?
Empieza el instituto, tengo muchos miedos, muchos cambios, nueva gente en clase, tengo que estar callada para que los nuevos no vean lo horrible que soy, así no se meterán conmigo. Rezo para que no se vuelva a repetir el horror de los dos años anteriores, por favor que me ignoren si quieren, pero que no me ataquen. Pido a Dios que me ignoren...
Luna, 16 años:
Odio el instituto. Mi deseo de que sólo me ignoren se ha cumplido, ya no se meten conmigo, sólo me ignoran, pero esto también es horrible, me tratan como si no fuese nadie, como si no existiera, hablan de mí delante de mí como si no estuviese, ¿es que creen que no me doy cuenta? ¿Es que no ven que no soy tonta? Ya no quiero que me ignoren, sólo quiero ser una más del montón, no pido ser una lider ni ser popular, sólo quiero ser del montón, pero no sé cómo hacerlo. Sigo sin hablar mucho en clase, mi opinión no cuenta, estoy mejor en segundo plano, sin molestar a nadie, sin darles motivos para odiarme. No tengo amigos, todos disfrutan de la adolescencia y yo sólo sufro, no es justo... Es culpa mía, me odio por ser como soy, quiero cambiar, pero no sé cómo hacerlo. También odio mi timidez, odio ser así, quiero superar mi timidez pero no sé cómo. No me extraña que me odien...
A mis padres no les digo cómo me siento, en casa todo está bien, es mejor así.
No tengo amigos pero no todo es malo, tengo los mejores padres del mundo, una hermana menor, y tengo intereses y aficiones que me llenan mucho, me apasiona la astronomía (pero no lo digo fuera de casa porque me miran raro), me paso horas leyendo sobre ello, también me encanta la fotografía, aprendo con libros y saco muchas fotos, pero tampoco se lo cuento a nadie, me llamarán rara. También salgo mucho a andar en bicicleta yo sola. Estoy mejor sola que mal acompañada.
Luna, 18 años:
Ya soy mayor de edad, todos los de clase están emocionados, pero yo no quiero ser mayor, me hubiese gustado ser niña para siempre, no sé por qué... Qué rara soy.
Por fin se acaba el instituto, tengo buenas notas, voy a hacer una ingeniería, ¡me encanta esa carrera! Mi madre dice que es para chicos, pero mi padre me apoya, adoro a mi padre, me comprende tan bien... Sé que es una carrera difícil, pero no me voy a exigir mucho y lo voy a intentar, el esfuerzo es lo que cuenta, me esforzaré mucho, y si no me va bien, estudiaré otra cosa y no pasa nada.
Por fin dejo atrás mi antiguo colegio y la gente mala, conoceré gente nueva que no me conoce y me tratarán bien por fin, pero debo tener cuidado, que no me conozcan bien, si no se darán cuenta de lo horrible que soy y me rechazarán.
Tengo los resultados de los primeros exámenes, ¡soy de las mejores de clase! No me lo esperaba, estoy muy contenta, ¡podré ser ingeniera!
No sé qué pasa, aquí tampoco encajo, no soy capaz de hablar en grupos grandes, me da mucho corte hablar, cuando quiero decir algo no encuentro el momento de hablar, siempre se me cuela alguien, a veces no acierto con lo que debería decir y digo algo que no viene a cuento, estoy mejor callada, ¿por qué soy tan rara? Ya lo sé, es por los acosos que sufrí, los odio con toda mi alma, me hicieron ser muy tímida y callada, y ahora no sé desenvolverme en grupos de gente, y me odio por ello, todos acabarán odiándome. ¡Quiero ser normal!
Luna, 19 años:
Hoy es mi cumpleaños y estoy llorando en mi habitación, es el peor cumpleaños de mi vida, nadie me ha felicitado excepto los de casa, nadie se ha acordado de mí, nadie me quiere... Me siento tan SOLA, me siento sola estando rodeada de gente, es una sensación horrible, una soledad terrible. ¿Por qué naci? Nací para ser tan horrible, hubiera sido mucho mejor que no hubiese nacido. Creo que si yo desapareciera le haría un favor al mundo, nadie quiere a alguien como yo, excepto mis padres, aguantaré por ellos, porque sufrirían mucho si yo me fuese... Aguantaré hasta que ellos ya no estén, después podré irme.
Luna, 20 años:
Hoy es mi cumpleaños, ha sido un poco traumático cumplir 20, cámbio de dígito, qué mayor soy, ¡no quiero hacerme mayor! Pero no se lo digo a nadie, porque verán qué rara soy... Mi vida es patética, quiero amigos y no los tengo, soy horrible, y demasiado tímida, quiero cambiar pero no sé cómo. Escucho un programa de radio donde entrevistan gente diferente, peculiar, historias duras de superación, me siento identificada, cojo ideas para sentirme mejor, estoy luchando por salir del agujero profundo en el que me encuentro, quiero salir, pero no veo el camino... Necesito ayuda, pero no sé cómo pedirlo, así que sigo con mi autoayuda, aprendo mucho con el programa de radio, estoy dando pasitos de autoayuda. Pero creo que nunca saldré de este infierno, por mucho que lo intente, nunca conseguiré ser normal y que me acepten. Pero debo intentarlo, no quiero vivir así.
Me gusta un chico de mi clase, es tímido como yo, y es muy amable conmigo, conecto con él tan bien... Pero ni siquiera lo voy a intentar, ¿cómo va a querer algo conmigo? Impensable, tiene muchas chicas a su alrededor mejores que yo. Será mi amor platónico para siempre...
Luna, 21 años:
Ha ocurrido algo... Como todos los veranos fui de vacaciobes a la costa con mis padres, allí fui a una escuela de vela, me costó decidirme pero fui valiente y salí de mi zona de confort. Allí me han tratado tan bien, con respeto, con amabilidad, era una más como los demás, yo contaba como el resto.... por primera vez en mucho tiempo me sentí valorada, apreciada, y de repente abrí los ojos y lo vi claro, yo soy valiosa, soy importante, soy una persona como las demás, soy maravillosa, yo valgo mucho, y el que no lo quiera ver, ¡es su problema! He desenterrado mi autoestima que estaba bien hundida, y he recuperado gran parte de ella (aunque no toda), veo una sonrisa cuando me miro en el espejo y me sorprendo (hace años que no lo veía), soy una nueva yo, o más bien, por fin soy yo, sin esconderme. La gente ha empezado a conocerme como soy realmente, y me aprecian, y quieren estar conmigo, y yo no me lo puedo creer. He sido valiente y he dado el primer paso para integrarme en un grupo de chicas, y me han aceptado, ¡por fin tengo amigas! ¡Me felicito por todo lo que he conseguido yo sola sin ninguna ayuda!
Luna, 22 años:
¡¡¡SOY FELIZ!!! Tengo un grupo de amigas, salgo a divertirme, los chicos se interesan por mí,... madre mía, ¡cuántas cosas me he perdido los últimos años! Odio a mis acosadoras por robarme toda la adolescencia, las odio con toda mi alma. Pero ese recuerdo lo voy a enterrar en un recóndito lugar de mi cerebro y no voy a pensar más en ello, y ¡a disfrutar de la vida! Estoy muy orgullosa de mí misma por haber sido capaz de salir del agujero donde me encontraba, pensé que nunca saldría, ¡yo valgo mucho!
Luna, 23 años:
Salgo con un chico por primera vez en mi vida, nunca pensé que alguien querría salir conmigo, ¿qué verá en mí? No lo sé. Al principio todo es maravilloso, pero siento que no conectamos, no le entiendo, ni él a mí, parecemos de mundos distintos. Al final lo hemos dejado, he sentido un alivio al dejarlo. Ya llegará el chico adecuado.
Hoy he coincidido en el autobús con mi amor platónico, nos hemos sentado juntos y hemos hablado sin parar, conecto tan bien con él, es tan amable conmigo, el tiempo se detiene cuando estoy con él, ¡dios cómo me gusta! Pero nunca querrá nada conmigo, cómo va a querer algo con una chica tan rara... Lloro de pena, me gusta tanto... seguirá siendo mi amor platónico.
Luna, 24 años:
Ha ocurrido algo terrible, un amigo ha fallecido por un cáncer, yo no sabía que alguien jóven pudiese morir por un cáncer y me ha pillado de sorpresa, sabía que estaba enfermo pero... ¿de ahí a morir? No lo puedo asimilar, el corazón me duele y una angustia se ha apoderado de mí y no me deja respirar, es tan injusto, ¿por qué? No se lo merecía, era un chico genial, tenía novia, una vida por delante... No lo entiendo, estoy enfadada porque nadie me había preparado para esto, ni mis padres, ni el colegio, ¿por qué no lo han hecho? Tengo tanto dolor, no me puedo controlar, empiezo a llorar sin control en cualquier momento y me tengo que esconder en el baño, nadie me ha visto. Después de 5 días llorando por todas las esquinas hablo con una amiga que teníamos en común, ella no está tal mal, pero me entiende, y me ha tranquilizado mucho hablar con ella, hemos llorado juntas y por fin me siento mejor, vuelvo a ser persona otra vez. Creía que no lo iba a superar nunca, y no entiendo por qué me he puesto así, mi reacción me ha asustado, soy demasiado sensible, no quiero ser así, ¿qué ocurrirá cuando mueran mis padres? No lo podré soportar.
Termino la carrera y empiezo a trabajar en una empresa, es un buen trabajo y bien pagado, lo estaba deseando, ¡por fin tendré tiempo libre sin tener que estudiar en casa! La carrera ha sido dura pero me ha encantado, he trabajado duro y he sido de las mejores, no me lo esperaba, a veces me sorprendo conmigo misma. También he descubierto que tengo habilidad para el baile. ¿Qué más talentos ocultos tendré escondidos?
Luna, 25 años:
Esto no es lo que me esperaba, no tengo tanto tiempo libre porque trabajo muchas horas, en el trabajo hay problemas, prisas, un jefe que impone, hablar en reuniones,... se me está haciendo duro. Durante unos meses he sufrido ansiedad y no sé por qué, nunca me había pasado. Pero ya pasó.
Desde que trabajo siempre llego agotada a las vacaciones de agosto, me voy a la costa con mis padres a un lugar que adoro, a DESCANSAR, y a cargar pilas, lo necesito. Mis amigas no entienden por qué no me voy con ellas de turismo, no entienden que necesito DESCANSAR, ¿por qué llego a vacaciones tan agotada? A los demás no les pasa, no lo entiendo, y los demás tampoco me entienden. Además, de vacaciones con mis padres me siento tan segura y tranquila, siento tanta calma, que prefiero ir con ellos que con mis amigas, pero eso no se lo digo porque se reirán de mí, de hecho, noto sus miradas cuando sale el tema, sé que me critican a mis espaldas porque me voy de vacaciones con mis padres, ya no me gustan tanto mis amigas. ¿Por qué no me dejan en paz ser como yo soy? Sé que soy rara y hago cosas raras, pero no hago mal a nadie.
Siento que no encajo del todo en ninguna parte, me gustan cosas que a la gente en general no le gusta, me fijo mucho en los detalles, tengo súper buena memoria para los cumples pero lo disinulo para no llamar la atención, siempre estoy en tensión y me lesiono con facilidad por ello, no entiendo por qué soy diferente, pero lo soy. Me gustaría encajar, ser del montón...
Luna, 26 años:
Es sábado noche, hoy estoy un poco cansada no sé por qué, aun así salgo con mis amigas, llevaba toda la semana esperando este momento, ¡necesito bailar y divertirme! De repente en un bar siento un agotamiento intenso, no puedo con mi alma, la música alta me marea, ¿qué me pasa? No quiero irme a casa, me lo estaba pasando bien, pero no me queda otro remedio, me voy a casa disgustada y con impotencia. Tendré que estar todo el domingo tirada en el sofá para recuperarme de esto, como otras veces. ¿Por qué me pasa esto? Qué débil soy...
Luna, 31 años:
Ha ocurrido algo alucinante, vuelvo a coincidir con mi amor platónico, hace mucho que no lo veía, mi corazón da un vuelco al verle, y decido luchar por él. Doy el primer paso, y el tiempo hace el resto, empiezo una relación con él, 11 años después de haberme enamorado de él, ¡esto es increíble! Estoy segura de que es el chico de mi vida, ¡soy muy feliz!
En el trabajo me han cambiado de jefe, es un hombre insoportable que pone de los nervios a todo el mundo, lo paso mal.
Luna, 33 años:
No aguanto más a este jefe, a veces lloro a escondidas, es una tortura diaria. Empiezo a somatizar por todo el cuerpo hasta que toco fondo, depresión. Nadie soporta al jefe pero nadie ha enfermado tanto como yo, ¿por qué? Debo de ser una persona débil, aunque en el fondo creo que soy una luchadora, me ha ocurrido esto por aguantar más que nadie, pero nadie lo entiende, todos creen que soy débil. Soy demasiado sensible, quiero ser más fuerte.
Luna, 40 años:
He pasado los últimos años luchando contra la ansiedad a temporadas, pero por fin me siento fuerte para ser madre y lo voy a intentar. He dudado mucho, porque no quiero que mis hijos sufran lo que yo sufrí de adolescente, pero me he dado cuenta de que no tiene por qué pasarles lo mismo, yo tuve mala suerte con los compañeros que tuve, además mis hijos no serán raros como yo, eso no se hereda, todo irá bien.
¡¡¡Estoy embarazada!!!
Luna, 45 años:
Tengo dos niños maravillosos, parecen distintos al resto, los profes no lo ven, pero hay algo... Lo averiguaré.
La maternidad me agota mucho, trabajo a media jornada pero aun así estoy siempre estresada y agobiada, pero no sé realmente qué es lo que me estresa tanto, es la vida en sí, ¿por qué me estresa la vida? Otros trabajan todo el día y pueden con todo, y yo no puedo ni trabajando medio día, estoy agotada, me da vergüenza decirlo, qué débil soy...
Luna, 48 años:
Por fin tengo los diagnósticos de mis hijos, son neurodivergentes, altas capacidades, autismo y uno de ellos TDA, los dos sin discapacidad. Me preocupo, ¿podrán ser autónomos de mayores? Empiezo a seguir autistas adultos en Instagram, para ver cómo es su vida, y me llevo la gran sorpresa de mi vida, ¡me veo totalmente reflejada en ellos! También veo características mías en mis hijos, la vida se me pone patas arriba.
Luna, 50 años:
Me cuesta bastante asimilar esto, no sabía que existía este tipo de autismo, no me identificaba como autista, soy funcional, salgo de marcha con mis amigas, he estado en conciertos, tengo mucha empatía, he dado charlas,... no puede ser. También me identifico con altas capacidades, aunque esto también me costó creérmelo. Lo mismo con el TDA, esto sí que me cuadra, ahora entiendo muchas cosas. Sigo investigando y aprendiendo, hago un curso de doble excepcionalidad y por fin lo entiendo todo, por fin todo encaja, por fin entiendo cómo soy, y tengo respuesta a todo lo que me pasaba y no entendía por qué, no soy rara ni débil, sólo tengo un cerebro diferente. Mis problemas para socializar en grupo no eran por timidez, era autismo, también mis agotamientos, etc. Madre mía, soy neurodivergente, y creo que mi familia también lo es, y también mi pareja. Siento un gran alivio al saber esto, es lo mejor que me ha pasado, por fin me entiendo completamente, y me abrazo, abrazo mi neurodivergencia, y no me cambiaría por nadie en el mundo, no sería yo, y ¡me encanta quién soy! Ahora conozco mis límites, sé lo que me desregula, y sé cómo debo cuidarme.
Luna, 51 años, hoy:
El mundo no está preparado para las personas neurodivergentes, tenemos discapacidades invisibles por las cuales necesitamos adaptaciones en nuestros entornos, y no los tenemos, necesitamos otro ritmo de vida y no lo podemos tener sin sacrificar algo. Nuestros niños sufren en los colegios porque no ven sus necesidades, llevo varios años peleando para conseguir lo que necesitan, sin éxito. Por aguantar en el colegio los niños tienen problemas de salud mental y el colegio además de no verlo, me ataca y me juzga como madre. Estoy llegando a mi límite con esto, estoy agotada física y mentalmente, pero no me queda otra que seguir luchando por mis hijos, que además también sufren acosos, y eso me toca el alma, era lo único que no quería que ocurriera, y está ocurriendo. Es difícil ser madre neurodivergente de niños neurodivergentes, a lo que hay que sumar todo lo demás. Pero aquí estamos, luchando, siempre luchando, porque somos fuertes, poderosos, y capaces, y lo demostramos día a día.
Para acabar, me gustaría volver atrás en el tiempo y abrazar muy fuerte a mi yo de 15 años atormentada, y decirle "no hay nada malo en ti, eres maravillosa y muy valiosa, eres diferente y única en el universo como el resto de personas, y eso está bien, no estás sola, hay muchos como tú, encontrarás tu lugar en el mundo y serás feliz, no querrás cambiar, te lo aseguro. Abrázate y quiérete mucho, tú lo mereces". Me inagino a mi yo de 15 años llorando al escuchar esto, al ver un rayo de esperanza.


