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Vaciar todo

Un regalo

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(@marime24)
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Mi historia es una más, quizás, en el mundo de la infertilidad. Cierto es que como la mía, aún no he leído nada pero sé que existe.

Hace casi 10 años, mi marido y yo comenzamos a intentar tener un bebé. Luego de mucho tiempo, pedimos cita para evaluación en nuestro hospital de referencia. Ahí nos derivaron al hospital de Alcorcón donde comenzamos el capítulo de intentar que la ciencia nos ayudase a ser padres. Uno va con ilusión pensando: “Ahora sí. En nada tendremos nuestro bebé”. Lo que no te cuentan una vez llegas, es que no va a ser inmediato… es más, pueden pasar años. Puede que lo logres como puede que no. En ese aspecto no nos informaron de la realidad de este proceso. Uno se tiene que informar por su cuenta.

Te pinchas y metes hormonas por ojo boca y nariz. Cambias tu dieta. Tienes tu primera punción y entras con ilusión y miedo al quirófano. He de decir que en la sanidad pública, el trato siempre fue inmejorable y cercano. Te hacen tu primera transferencia y antes de la beta comienzas a sangrar como nunca. Te baja la regla. Lo que no te dicen es que esa primera regla es brutal, tanto física como emocionalmente. Terminas derrotada pero vuelves con fuerza e ilusión una y otra vez hasta que en la pública te dicen que no pueden hacer más por ti. Que en la casita todo está bien pero que igual debemos cambiar uno de los gametos. Te metes en la privada, pagas un bastón, te decides por ovodonación, una decisión dura pero que la tomas sin pensarlo dos veces, salen tres óvulos, tu casita sigue estando bien y… falla dos veces más. Te preguntas una y otra vez por qué no ha funcionado. Te rompes… y decides parar. Dos años de parón, visitas a inmunólogo, hematólogo, reumatólogo, varias histeroscopias, innumerables pruebas y aún no dan con lo que tienes (esto sí debieron hacerlo en la pública) pero te dan una pauta. Medicamentos, heparina, y vas a por el último embrión congelado. Una décima transferencia. Llega la beta y… positivo. Tengo la certeza de que mi abuela dejó este mundo para enviarme a esta hermosa niña. Me duele que no haya podido conocerla pero sé que parte de ella vive en mi niña. Una niña que luchó por llegar a este mundo contra viento y marea. Una niña que no conocerá físicamente a su bisabuela pero la tendrá muy presente siempre.

Los primeros tres meses de embarazo de cama por hematoma que se diagnosticó tarde después de ver manchas y un susto de muerte, con un sangrado importante y mucho miedo de perderla. Pero ella y yo luchamos todos los días porque llegase a este mundo sana y fuerte. Lleva 6 meses en esta tierra y a diario me cuesta creer que está aquí. Nació por cesárea pues desde la tripa ya apuntaba maneras y no quiso darse la vuelta. Pero llegó decidida a cambiar nuestras vidas y llenarlas de sonrisas, manos suaves como la seda que buscan tu cara, con un olor a pan recién horneado que embriaga… es mi hija. Escribo estas líneas y se me llenan los ojos de lágrimas. Es mi hija y ya no imagino mi vida sin ella. Del libro “Eres una madre maravillosa” me quedo con esta frase del caso Jonay: “Sólo cuando nació y la vi sana y completa, me permití quererla!. Y es que es así. El embarazo para muchas es una angustia diaria por las experiencias que hemos vivido para lograrlo. Y sólo cuando les vemos que todo está bien, nos permitimos relajarnos un poco y abrir nuestro corazón a esa personita que nos cambia la vida y la pone patas arriba de la mejor manera posible aunque hay días duros, que me siento culpable de frustrarme, de no tener más paciencia o tiempo para sentirme un poco yo. Pero… hay días hermosos y su sonrisa lo borra todo.

Si alguien me lee, que no está sola. Que hay luz al final del túnel. Que los sueños a veces se cumplen y son mejores de lo que una los soñó. Que el postparto es un carrusel constante de altibajos. Que hay días que vas a querer dejar a tu pareja porque te incordia pero hay días que sabes que es el mejor compañero de ruta en este proyecto de vida. Que necesitamos hablar de todo esto mucho más y dejar el tabú de la infertilidad y todo lo que acarrea un embarazo a nivel físico y emocional. Que somos una peña y nos tenemos para lo bueno y malo. Que necesitamos más foros como estos y muchas más ayudas pues convertirnos en padres para los que les cuesta por vía natural, no debe ser para los que pueden permitírselo ya sea porque puedan o porque con sacrificio lo costean. Porque convertirse en padres no debe dejarnos arruinados.

Pues eso, ser padres es caóticamente hermoso y no todos los día van a serlo. Pero yo no me arrepiento de haber ido con todo a por ese último embrión que me estaba esperando.


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