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El miedo a perder a mamá

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(@Raquel)
Registrado: hace 4 meses
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Mi historia empieza como otra cualquiera, mi historia es la historia de tantas, de muchas, de demasiadas… Me diagnostican hace un año cáncer de mama localmente avanzado. Respiro profundo, cojo fuerzas y pregunto: cuándo empezamos, qué tengo que hacer. Tengo una niña de 6 añitos, me necesita.

Le cuento, con toda naturalidad, que tengo una enfermedad. Le explico, a su manera, lo que va a pasar. Nos probamos pelucas juntas. Nos reímos. Le parece genial que mamá vaya a estar todo el día en casa. Y así, comienza todo ese periplo que tantas conocéis. Pruebas, quimioterapia, mastectomía, expansor y radioterapia. En todo este camino encuentro personas, mujeres extraordinarias que me acompañan y leo y estudio qué está en mi mano hacer para sentirme mejor y lograr el objetivo principal. Sanar.

Hago ejercicio, cuido mi dieta, cuido mi mente. Los químicos hacen su trabajo y casi acaban con el tumor. Casi, porque queda enfermedad residual.

Y por primera vez me derrumbo. Y siento miedo. Pero levanto la vista y ahí está ella, porque ella siempre está, con su alegría y su sonrisa desdentada, con su vitalidad y su energía desmedida. Así que positiva de nuevo y con la palabra paciencia tatuada en mi piel, vuelvo a empezar tratamiento de quimioterapia.

Y de repente, ella, mi vida entera, no quiere ir al cole. Ella que quiere ser profe de lengua, que tiene 11 muñequitos en casa a los que prepara fichas y lee cuentos que ella misma escribe. Siempre hablo en la asamblea mamá, me encanta.

Llora sin consuelo porque en su clase hay niños que están malitos. Si ella se contagia, yo enfermaré. ¿Cómo puede ser que sienta tanta responsabilidad? No, no es así. Hablamos, lloramos juntas. Pero no quiere separarse de mí. Le duele la tripa, pero solo cuando vamos a ir al cole. O eso me parece, pero me asusto y vamos a ver a nuestro querido pediatra. Qué tacto, y qué talento. Explora, habla con ella y le dice que a veces los nervios, concentrados en su mayor parte en estómago y cabeza, causan dolor y malestar. Entre sollozos y lágrimas le dice que no quiere que le pase nada malo a su mamá. Y al salir de consulta parece liberada porque él es capaz de tranquilizarla con palabras que le dan información, pero también consuelo y aliento.

Pero ella sigue igual. Ella sigue sufriendo y no sé cómo gestionar todas esas emociones y sentimientos. Llora y dice que no sabe por qué, sólo repite sin parar mamá, mamá. Y a mí se me rompe el corazón.

Qué dura la enfermedad y su tratamiento, pero cómo me duele su sufrimiento.

Y en estas estamos, queriéndonos mucho, abrazándonos más, compartiendo momentos preciosos que espero, calmen su malestar, su miedo a mi ausencia. Y llenando su mochila de recuerdos y aprendizajes vitales.

Ella, mi pequeña Claudia. Te quiero infinito bebé.


2 respuestas
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(@almudena17)
New Member
Registrado: hace 4 meses

Mucho ánimo de verdad! Deseo que todo pase! Me has dejado sin palabras y con lágrimas en los ojos! No hay cosa que duela más ver a una hija sufrir.

Un abrazo! 

 


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Admin
(@equipo-lmp)
Miembro
Registrado: hace 11 meses

Gracias por confiar esto aquí. Se nota que estás haciendo un esfuerzo enorme por sostener dos cosas a la vez: tu propio proceso y el de tu hija. Y eso no es nada fácil.

Es muy duro asumir que, por mucho que cuides, expliques y abraces, no puedes evitar que ella sufra. Pero su sufrimiento no es un reflejo de que lo estés haciendo mal, sino de lo mucho que te quiere y de lo importante que eres para ella.

Gracias por compartirlo en La Tribu.


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