Mi mediano y yo, es la historia de mi vida. Me llamo Ana y soy mamá de 3 niños. Jaime, Nacho y Javier. Ellos son lo mejor de mi vida. Los 3. Pero el mediano… ha puesto mi mundo del revés literalmente. El parto ya fue de nota. Me costó muchísimo tenerlo. Líquido amniótico hasta arriba que no se habían dado cuenta, más de 24 h de parto, forceps para nacer… Una de las matronas de la planta, no dejaba de pasarse por la habitación y, como no era mi primer hijo, pregunté directamente si pasaba algo. Ella, muy maja, me dijo “no, no pasa nada. Tranquila. Pero llevo 30 años en esta planta y tu bebé me llama muchísimo la atención. Nunca había visto un recién nacido tan despierto y con tantas ganas de vivir. Si no me equivoco, prepárate que este niño promete”. No se equivocó.
Su crianza no fue fácil. Vomitaba todo el rato la leche materna. Lo pasaron a biberón y más de lo mismo. No engordaba pero seguía con un desarrollo cognitivo brutal. Le diagnosticaron intolerancia a lactosa y fructosa. Nos adaptamos todos en casa a su alimentación pero él se empeñaba en comer lo que sea. No fue fácil. Fue un bebé muy delgado pero extraordinariamente ágil. Con año y medio hacia entera la escala de braquiación( lo de pasar de mano en mano colgado como un mono). Hablaba por los codos pero no se le entendía casi nada. Todo era rápido. Caminó a los 9 meses y dejó la silla, el chupete y los purés a la vez. Imposible. El bebé daba paso a un niño de 9 meses!!!!! Fue al cole sin pasar por escuela infantil porque con apenas dos años tuve a su hermano pequeño y fue la decisión que tomamos su padre y yo. Con 3 años empezó el cole. Hablaba muchisimo pero pronunciaba fatal. Fue al logopeda un año.
Era un profe de apoyo para la maravillosa Paula. Su primera profe. Abrochaba botones, ayudaba a cambiar a los que se hacía pis… Todo en él era rápido. Ya reconocía letras, números, tocaba la armónica… hasta que el 22 de mayo se encontró mal. Recuerdo como me decía “mamá quitame este casco de la cabeza”. Lo subí a urgencias y el diagnóstico cayó como un jarro helado. Meningitis. Punción lumbar, médicos tensos, yo sola… lo recuerdo con horror. Tengo su mirada al hacerle la punción grabada a fuego. Solo le cayó una lágrima. Era vírica gracias a Dios. Esa noche despertó en mí todos los fantasmas que había. Soy profe y el año anterior perdí una alumna con tumor cerebral. Un palo muy gordo. Y a raíz de ese episodio pues yo veía todos los síntomas en Nacho. Obviamente, terminó con un ataque de pánico terrible que me llevó directamente a coger la baja. Mi obsesion por mi hijo mediano me llevó a llevarlo a un neurólogo que me anticipó lo que más tarde llegaría. “ Ana, solo escúchalo. Sabes perfectamente igual que yo que lo que dice y hace no corresponde a su edad”. A raíz de este episodio, empecé terapia psicológica y BENDITA LA HORA. Silvia. GRACIAS. Entendí tanto… había sido educada creyendo que si yo era perfecta, mi mundo lo sería. Todo dependía de mi. Y zas! Llega Nacho y me demuestra todo lo contrario. Vaya tela eh?
En medio de todo llega la pandemia. Nachete ya había empezado primaria y saltan las primeras alarmas. Con 6 años pide revisión de examen. Nos sugieren desde la tutoría el famoso tdah. Pero desde orientación escolar aparecen “altas capacidades”. Le hacen las pruebas y efectivamente ahí está. Su CI es muy superior en TODAS las escalas. Decidimos afrontar su CI desde el punto de vista emocional porque el académico pensamos que está cubierto. Va al psicólogo que le ayuda q gestionarse y su padre y yo acudimos para aprender a ayudarle y acompañarle. Son años tranquilos. Nacho destaca sobre todo en educación física. Quiere hacer gimnasia acrobática y lo apuntamos. GRAN ACIERTO. Entrena con niños mayores y en sus entrenadores tiene un ejemplo a seguir. Lo gana casi todo. Con 10 años, la meningitis se repite. Caso rarísimo, eso nos dicen…
Llega la adolescencia porque claro, si todo en él llegó antes, la adolescencia no iba a ser menos. Y con 10-11 años, debutamos. Sigue acompañándolo una psicóloga que, nos dice que necesita volar solo. Sin su apoyo.
Hoy no se encuentra. Tiene 12 años y sus compañeros no le aportan nada. Es miembro de la selección española de gimnasia y acaba de llegar de su primer mundial. Ha vuelto descolocado. Allí tiene su sitio. En su cole ya no. Está muy desmotivado y seguramente suspenderá alguna. Eso no me preocupa. Hoy le hemos encontrado un vaper. Lo vemos perdido. Pienso que lo hemos gestionado bien, desde la calma, sin perder de vista los límites que ha sobrepasado. Llamaré de nuevo a la psicóloga y estaremos a su lado. Pero jolin, cómo duele… mi chico… se cree de 22 y solo tiene 12. Imposible gestionarlo solo. Gracias por leerme.
Gracias, Ana, por abrirnos una historia tan enorme, tan intensa y tan llena de vida. Qué recorrido el de tu hijo… y qué recorrido el tuyo.


