La puerta, de Manuel Loureiro, me atrapó desde la primera página. No solo por la historia que mantiene una tensión constante y perfectamente dosificada sino por la profundidad con la que están construidos los personajes. Especialmente ella. Su dolor, su desesperación, su lucha interna… están retratados con una humanidad que resulta imposible no sentirlos como propios.
Pero más allá del suspense o de la trama, lo que realmente me removió fue la reflexión de fondo:
¿Hasta dónde somos capaces de llegar cuando la vida de nuestros hijos está en peligro?
Creemos que somos personas racionales. Con sentido común. Lógicas. Incluso científicas. Creemos que sabemos cómo reaccionaríamos. Pero cuando la amenaza es real, cuando el miedo se instala en el pecho y la incertidumbre te desarma, todo cambia.
La desesperación tiene una fuerza arrolladora.
Y este libro muestra con una crudeza muy honesta cómo, en situaciones devastadoras —como puede ser una enfermedad grave en un hijo—, incluso las personas más sensatas pueden verse empujadas hacia territorios impensables. Territorios donde la pseudociencia, la brujería o las promesas de sanación milagrosa se presentan como un último salvavidas cuando la ciencia no tiene respuestas inmediatas o no ofrece la certeza que necesitamos.
Eso es lo que más me hizo reflexionar.
Porque en consulta he visto esa mirada. He visto madres y padres que, en su intento legítimo y profundamente humano de salvar a su hijo, buscan respuestas donde sea. Y cuando el dolor aprieta, el pensamiento crítico puede tambalearse. No por falta de inteligencia. No por falta de formación. Sino por amor. Por miedo. Por desesperación.
El libro abre un debate incómodo pero necesario:
¿Dónde está el límite entre la esperanza y el autoengaño?
¿En qué momento el deseo de creer puede hacernos vulnerables?
¿Y cómo acompañamos, desde la ciencia y desde la empatía, a quienes sienten que la ciencia no es suficiente?
Me ha parecido una historia valiente. Dolorosa. Muy humana. Y tremendamente actual.
Me encantaría que en el club pudiéramos hablar de todo esto: de la fe, de la desesperación, de los límites de la ciencia, de la responsabilidad de quienes prometen milagros… y, sobre todo, del amor incondicional que a veces nos lleva a cruzar puertas que jamás imaginamos atravesar.
Porque quizá la pregunta no es si lo haríamos o no.
Quizá la pregunta es: ¿Quién puede asegurar que no lo haría?
y Próxima lectura para marzo: LOS NOMBRES, impresionante. Os dejo aquí el link (afiliado) por si lo queréis consultar.
Gracias por compartir algo tan íntimo. De verdad.
Me parece precioso lo que cuentas. Esa maternidad que no siempre es como nos la habían contado. Esa mezcla de razón, pragmatismo, preguntas… y no tanto ese “instinto animal” del que tanto se habla.
A veces parece que hay una única forma válida de sentir cuando eres madre, y no es verdad. Hay tantas maternidades como madres. Algunas vivimos el amor como un volcán que arrasa. Otras lo vivimos como una construcción consciente, reflexiva, incluso analítica. Y eso no lo hace menos profundo.
Me ha encantado leerte cuando dices que te preguntas la forma en que la quieres más que abandonarte a sentirlo. Eso es una forma de amor muy madura. Muy pensada. Muy tuya.
Y sobre lo otro… claro que es un melón enorme. Nadie quiere imaginarse en una situación así. Creo que todas pensamos que no sabríamos qué haríamos… hasta que la vida nos pone delante algo que nos obliga a descubrirlo. Y probablemente tienes razón: si llegara el momento, ese instinto estaría ahí. Porque el amor, aunque no siempre sea ruidoso o salvaje, tiene una fuerza que a veces ni sospechamos.
Gracias por traer esta mirada distinta al debate. Enriqueces muchísimo la conversación. Un beso fuerte, Lucía
Maravilloso, gracias.
Lo acabé en 3 días, llevo todo el mes esperando leer opiniones.
Me había criado en un mundo en el que mi abuela con rezarme 3 veces el padre nuestro ya se me quitaba todo los males. Aunque hoy en día, me considero una persona más o menos inteligente, que se basa en la evidencia científica y no me creo nada que sueñe a milagro, se con certeza que si me tocaría estar en la piel de nuestra protagonista, haría lo mismo y más por la vida de mi hija. Quien no?
La novela me encantó, no solo por la historia, también adentrarnos en la Galicia Rural y también por descubrir la Santa Compaña, leyenda cuya existencia desconocía por completo.
Y por último , me quedo con la bondad de Juan, maravilloso, totalmente enamorada.
Gracias Lucía por esta maravillosa recomendación.
Buenos días. Comenté esta mañana el libro y no veo mi aportación. Decir que el club permite que salgas de tu zona de confort y leas libros que de "motu propio" jamás escogerías y además a mi personalmente me ha hecho volver a mi rutina nocturna lectora y a dejar el móvil a estas horas.
Es un libro adictivo que refleja hasta dónde es capaz de llegar una madre desesperada. El final no me gustó, como aporta una compañera, demasiado mágico para lo real que es la novela.
A mi también me enganchó muchísimo y lo leí súper rápido.
Mientras lo leía yo pensaba en el miedo tan grande que tenemos a que a los hijos les pase algo. Un miedo que yo antes de ser madre nunca lo había experimentado.
Lo único que me consuela es pensar que por encima de ese miedo hay un amor infinito hacia los hijos y por eso nace ese miedo.
A por el de marzo!!!
Muchas gracias Lucía por la recomendación. A parte de que la trama me ha mantenido enganchada hasta el final, me ha encantado lo bien que lo describe todo y que te lleva de lleno a esas tierras como si estuvieras en ellas. También por supuesto, te hace plantear hasta donde somos capaces de llegar en estas situaciones, cosa que creo que para saberlo realmente, uno se tiene que encontrar en la misma situación. Es fácil juzgar desde el otro lado y desde la serenidad pero en medio de la desesperación uno no sabe hasta donde es capaz de llegar...Me hizo reflexionar también, el comentario de que, que fácil es que nos dejemos llevar por informaciones vistas en internet si son cosas que realmente queremos ver. Justamente creo que se juega mucho con esto para intentar captar a la gente en situaciones desesperadas y aprovecharse de ellas.
Ya esperando para leer el próximo.
Gracias por todo!


